"Todo lo que somos es el resultado de nuestros pensamientos".
Buda
Muchas veces creemos que si nos sucede algo bueno, ha sido consecuencia del azar; no confiamos en nuestra propia capacidad para atraer el éxito, en el poder de nuestros pensamientos, actitudes y acciones para lograr que las cosas ocurran. Si nos sucede algo bueno, generalmente lo atribuimos a "la buena suerte" a "las predicciones de los astros" o simplemente a "la casualidad", como si se tratara de algo que no depende de nosotros, como si nosotros no pudiésemos ser los arquitectos de nuestro propio destino, como lo expresa el célebre poema de Amado Nervo. Hoy sabemos que cada uno de nosotros es capaz de atraer o alejar el éxito y la felicidad según sus propios pensamientos, creencias, actitudes y acciones. Terminamos por convertirnos en lo que pensamos. Ese es precisamente el fundamento de la Ley de la Atracción.
¿Cuántas veces ha escuchado esto?: "Yo creo en la Ley de Atracción pero a mí no me funciona", "La Ley de Atracción existe pero no sé cómo usarla", "La verdad he atraído cosas positivas a mi vida pero a veces no lo logro". ¿Sabía que ha usado la Ley de Atracción desde que tiene consciencia adulta? ¿Sabía que la Ley de Atracción forma parte de su naturaleza humana? No es una hipótesis, ni una teoría: es una ley y como tal tiene aplicación universal.
Esta ley has sido conocida y aplicada por los hombres y las mujeres más grandes, poderosos e influyentes de la historia de la humanidad como Buda, Jesucristo, San Ignacio de Loyola, Albert Einstein, Winston Churchill, Martin Luther King, La Madre Teresa, Bill Gates, etc. En términos simples, La Ley de la Atracción indica que atrae hacia su vida aquello en lo que enfoca su pensamiento de manera constante. Usted es una especie de imán viviente: atrae todo aquello en lo que piensa -bueno o malo, consciente o inconscientemente-. Si piensa positivamente, atraerá situaciones y cosas positivas; si piensa negativamente, atraerá situaciones y cosas negativas. Si sus pensamientos dominantes se encuentran constantemente enfocados en obtener resultados positivos, en sus fortalezas o en hábitos de éxito, entonces eso será lo que se manifieste en su vida. En otras palabras: aquello en lo que se enfoca tiende a expandirse en su vida. Una vez que acepte que usted es el fabricante de su propia realidad, verá que tiene el poder para cambiar esa realidad. La gente feliz y alegre parece que atrae a otra gente alegre y feliz. La persona que posea conciencia de prosperidad parece que encuentra ideas y oportunidades para hacer dinero. La Ley de Atracción actúa en todas partes y en todo momento.
"Siembra un pensamiento, cosecha una acción; siembra una acción, cosecha un hábito. Siembra un hábito, cosecha un carácter; siembra un carácter, cosecha un destino."
Séneca
Los principios de la Ley de la Atracción se encuentran constituidos por simples normas que están al alcance de cualquier persona.
Todos podemos aprenderlas y practicarlas hasta incorporarlas a nuestra vida en forma de hábitos. Sin embargo, para hacerlos parte nuestra, es necesaria la actividad disciplinada al repetirlos una y otra vez de manera sistemática y con un fin en mente. Esta ley es sin lugar a dudas la forma más corta y rápida para crear mejores relaciones, una salud óptima, mayores satisfacciones personales y gran prosperidad en la vida.
"Da tu primer paso con fe, no es necesario que veas la escalera completa, sólo da tu primer paso con fe."
Martin Luther King
Mucha gente no sabe cómo trasladarse desde el sitio en el que encuentra hasta dónde quiere llegar. Con la Ley de Atracción, sin embargo, no es necesario tener todas las respuestas antes de comenzar. Siempre que tenga claro lo que quiere y con la clase de gente que le conviene asociarse, terminará arrastrándola hacia su vida.
Para atraer resultados positivos podemos iniciar desarrollando el hábito del agradecimiento: Le sugiero que elabore una lista de aquellas cosas o situaciones que puede agradecer. Agradezca todos los días: agradezca este nuevo día que le ha dado la vida, tener vida, salud, contar con la riqueza invaluable de aquello que no cambiaría por dinero. Notará que poco a poco su lista se expande. Notará un cambio de actitud en usted y ese cambio es como la atracción encuentra el camino hacia usted.
"Trabaja como si el éxito dependiera de tu propio esfuerzo, pero confía como si todo dependiera de Dios."
Máxima Jesuítica
En el Nuevo Testamento se encuentran numerosas referencias que ponen de manifiesto que la Ley de la Atracción, lejos de ser un planteamiento esotérico, en su esencia encierra muchos de los principios que Jesús compartiera con sus discípulos. La Biblia dice: "Pidan, y se les dará"; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre". (Mateo 7:7-8). De las personas que utilizan correctamente la Ley de Atracción se dice en ocasiones que tienen "suerte". Si su suerte consiste en haberse preparado disciplinadamente, desarrollado la actitud correcta, actuado sensatamente y con fe para obtener los resultados que deseaban, aprovechando los beneficios de la Ley de la Atracción; efectivamente, esas personas "han tenido mucha suerte"; tal como la tuvieron un puñado de jesuitas liderados por San Ignacio de Loyola hace ya casi cinco siglos, que llegaron e hicieron alrededor del mundo, lo que nunca antes un europeo hubiese siquiera imaginado y que hoy se han constituido, no obstante los innumerables obstáculos con los que se han enfrentado, en la compañía religiosa más exitosa de la historia.
"Haz al prójimo lo que quieres que el prójimo te haga a ti."
Jesucristo
Esta frase es la Regla de Oro que Jesucristo resumió en un pensamiento y que es probablemente la regla más importante del mundo.
Existen muchas personas egoístas, de tal forma que los pocos individuos que sin egocentrismos tratan de servir a los demás obtienen enormes beneficios. La mejor forma de pedir es dando, ya que "el que da, recibe". Esta es una de las mejores expresiones de la Ley de la Atracción. Si se pensara más en el punto de vista del prójimo, podríamos despertar un deseo ferviente en nosotros con el que ambos saldríamos beneficiados. Mucha gente va dando tumbos por la vida queriendo forzar a los demás a que se interesen por ella y no logran comprender que una persona está cien veces más interesada en ella misma que en sus propios problemas y en satisfacer sus necesidades que en los nuestros. Así que comprender y después ser comprendido es uno de los Hábitos de la Gente Altamente Efectiva y piedra angular de la Ley de la Atracción, que ha sido mencionado por personajes tan respetados e influyentes de la historia, como Sócrates, Jesucristo, Gandhi, Carnegie, Covey, Chopra, etc.
Publicado en El Corregidor de Querétaro, 15/5/09.
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30 de enero de 2012
23 de octubre de 2011
La Ley de la Cosecha
Lo único que resiste el paso del tiempo es la Ley de la Cosecha: La tierra debe prepararse, sembrarse en ella con buena semilla, cultivarla, desbrozarla, regarla y luego abonarla gradualmente para que el cultivo crezca y se desarrolle hasta alcanzar su plena madurez. Lo mismo ocurre en la familia, en los negocios, en escuela o en cualquier actividad que emprendamos en la vida. No hay una solución instantánea que podamos aplicar para resolverlo todo solamente por medio de una Actitud Mental Positiva (AMP) y una serie de "fórmulas mágicas para alcanzar el éxito".
Cualquier negocio o actividad emprendidos en la estación apropiada y después del transcurso de tiempo suficiente, producirá resultados predecibles. La razón de ser de las estaciones es la productividad, y el propósito de nuestra actividad lo constituyen los resultados.
Los resultados son la cosecha producida por nuestros esfuerzos pasados. Si el agricultor siembra únicamente un puñado de semillas en la primavera, no puede esperar una cosecha abundante en el otoño. De la misma manera, si una persona ha participado en una cantidad mínima de actividades en el pasado, no debe esperar resultados significativos en el presente.
Los resultados son siempre directamente proporcionales al esfuerzo realizado, si éste se aplica en la dirección correcta. Los que descansan en la primavera no cosechan en el otoño, no importa lo grande que sean sus necesidades, sus deseos o las exigencias de los demás. Los resultados son las recompensas reservadas para aquellos que tuvieron la previsión de aprovechar las oportunidades y actuar inteligentemente para aprovecharlas. Si se pierde la oportunidad, no habrá recompensa.
No podemos ser descuidados en la educación de nuestros hijos. Es menester mantener comunicación constante con ellos, tratarlos con confianza y respeto, establecer límites, hacerles sentir en cada momento lo importante que son para nosotros, mostrarles nuestro amor en cada acción, etc. Si no actuamos de esta manera, no debemos extrañarnos que la cosecha sea escasa o que recojamos cizaña en lugar de trigo.
En las empresas le pedimos a nuestra fuerza de ventas que alcance ciertos indicadores y premiamos a la gente si logra conseguirlos. Los vendedores aprenden rápidamente que hay que perseguir resultados, eso es lo que se les pide y exige. En muchas ocasiones no logran percibir que las ventas constituyen el fruto del trabajo a largo plazo que depende de la calidad del producto o servicio, de la imagen de la marca, de la penetración en el mercado, del grado de motivación o entusiasmo que se ha logrado despertar en los prospectos, de su precalificación, presentación, cierre efectivo, etc. El éxito no se persigue, se atrae; es el resultado de la siembra y el cuidado seguido durante todo el proceso desde la siembra hasta lograr la cosecha. Todavía más grave es que ni siquiera se conozca el proceso de ventas, como cuando se ignora la secuencia que debe seguirse desde la siembra hasta la cosecha.
En las escuelas les pedimos a los estudiantes que repitan lo que nosotros les hemos dicho, les examinamos sobre los textos que nosotros les hemos dado. Ellos aprenden pronto el sistema -se condicionan-, adoptan un comportamiento reactivo, que en muchas ocasiones es el resultado de aprender lo que ven, del ejemplo de sus propios profesores. Se preocupan de "pasarla bien" y solamente a última hora estudian como para "repetir como perico" lo que se les enseñó. A menudo llegan a creer que todo en esta vida se puede encarar de la misma forma.
Algunos hábitos de inefectividad humana hunden sus raíces en nuestro condicionamiento social de pensamiento a corto plazo. Muchos estudiantes empiezan por retrasarse en la escuela y después estudian todo en el último momento y pasan sus exámenes, pero no aprenden para la vida. Muchos obtienen títulos y distinciones "estudiando en el último momento", leyendo o memorizando "discursos" cortos, tranzando con las autoridades "competentes", etc. Este comportamiento, evidentemente no funciona en la granja ni en la vida real. No podemos pasarnos semanas sin ordeñar a la vaca y luego correr al establo para ordeñarla desenfrenadamente. No podemos olvidarnos de sembrar en primavera, para después holgazanear durante el verano entero y finalmente trabajar muy duro durante el otoño para recoger la cosecha.
La oportunidad de la primavera es breve. La oportunidad se acerca, llega y pasa rápidamente. No se demora ni pausa para mirar hacia atrás. La oportunidad solamente se nos presenta una vez y aquellos que responden a su llegada actuando proactivamente y con un fin en mente, obtendrán la medida completa de los resultados deseados.
Todo lo que hacemos determina nuestros resultados futuros. Al igual que el agricultor que se ve inmerso en la actividad de arar el terreno en preparación para la siembra, tenemos que trabajar en el desarrollo de una base de competencias sólida. Al igual que el granjero que cuida y abona su siembra para destruir las hierbas nocivas y alimentar la semilla, tenemos que esforzarnos para desarrollar nuestras actitudes y aptitudes. Finalmente, al igual que el agricultor que atiende su cultivo desde la madrugada hasta la puesta del sol, anticipando la cosecha en el futuro, tenemos que dedicarnos al trabajo efectivo de forma disciplinada para obtener los resultados que deseamos.
Si en el pasado nuestras labores han producido una cosecha insuficiente, no podemos hacer nada para alterar este resultado. No podemos cambiar el pasado. No podemos pedirle a la naturaleza que haga una excepción a sus reglas, no importa el hambre que tengamos. La naturaleza tampoco permitirá que pidamos un adelanto a la tierra. Lo único que podemos hacer es prepararnos para la llegada inevitable de otra primavera - otra oportunidad - y a su llegada, sembrar, alimentar y cuidar nuestro cultivo con la mayor diligencia posible, recordando las consecuencias dolorosas de la negligencia pasada. Sin embargo, al traer a la memoria las consecuencias, no podemos permitir que éstas nos abrumen. Su lección debe servirnos y no abatirnos. Nuestros fracasos deben ser una escuela y no un lastre que condicione negativamente nuestros intentos futuros.
Durante todo el transcurso de nuestras vidas, experimentamos un número de primaveras y cosechas. Nuestra felicidad futura es raras veces el resultado de una sola cosecha. Es el resultado de una multitud de oportunidades individuales aprovechadas o tristemente descuidadas. Nuestra felicidad se basa en el efecto acumulado de nuestra actividad anterior.
Cualquier negocio o actividad emprendidos en la estación apropiada y después del transcurso de tiempo suficiente, producirá resultados predecibles. La razón de ser de las estaciones es la productividad, y el propósito de nuestra actividad lo constituyen los resultados.
Los resultados son la cosecha producida por nuestros esfuerzos pasados. Si el agricultor siembra únicamente un puñado de semillas en la primavera, no puede esperar una cosecha abundante en el otoño. De la misma manera, si una persona ha participado en una cantidad mínima de actividades en el pasado, no debe esperar resultados significativos en el presente.
Los resultados son siempre directamente proporcionales al esfuerzo realizado, si éste se aplica en la dirección correcta. Los que descansan en la primavera no cosechan en el otoño, no importa lo grande que sean sus necesidades, sus deseos o las exigencias de los demás. Los resultados son las recompensas reservadas para aquellos que tuvieron la previsión de aprovechar las oportunidades y actuar inteligentemente para aprovecharlas. Si se pierde la oportunidad, no habrá recompensa.
No podemos ser descuidados en la educación de nuestros hijos. Es menester mantener comunicación constante con ellos, tratarlos con confianza y respeto, establecer límites, hacerles sentir en cada momento lo importante que son para nosotros, mostrarles nuestro amor en cada acción, etc. Si no actuamos de esta manera, no debemos extrañarnos que la cosecha sea escasa o que recojamos cizaña en lugar de trigo.
En las empresas le pedimos a nuestra fuerza de ventas que alcance ciertos indicadores y premiamos a la gente si logra conseguirlos. Los vendedores aprenden rápidamente que hay que perseguir resultados, eso es lo que se les pide y exige. En muchas ocasiones no logran percibir que las ventas constituyen el fruto del trabajo a largo plazo que depende de la calidad del producto o servicio, de la imagen de la marca, de la penetración en el mercado, del grado de motivación o entusiasmo que se ha logrado despertar en los prospectos, de su precalificación, presentación, cierre efectivo, etc. El éxito no se persigue, se atrae; es el resultado de la siembra y el cuidado seguido durante todo el proceso desde la siembra hasta lograr la cosecha. Todavía más grave es que ni siquiera se conozca el proceso de ventas, como cuando se ignora la secuencia que debe seguirse desde la siembra hasta la cosecha.
En las escuelas les pedimos a los estudiantes que repitan lo que nosotros les hemos dicho, les examinamos sobre los textos que nosotros les hemos dado. Ellos aprenden pronto el sistema -se condicionan-, adoptan un comportamiento reactivo, que en muchas ocasiones es el resultado de aprender lo que ven, del ejemplo de sus propios profesores. Se preocupan de "pasarla bien" y solamente a última hora estudian como para "repetir como perico" lo que se les enseñó. A menudo llegan a creer que todo en esta vida se puede encarar de la misma forma.
Algunos hábitos de inefectividad humana hunden sus raíces en nuestro condicionamiento social de pensamiento a corto plazo. Muchos estudiantes empiezan por retrasarse en la escuela y después estudian todo en el último momento y pasan sus exámenes, pero no aprenden para la vida. Muchos obtienen títulos y distinciones "estudiando en el último momento", leyendo o memorizando "discursos" cortos, tranzando con las autoridades "competentes", etc. Este comportamiento, evidentemente no funciona en la granja ni en la vida real. No podemos pasarnos semanas sin ordeñar a la vaca y luego correr al establo para ordeñarla desenfrenadamente. No podemos olvidarnos de sembrar en primavera, para después holgazanear durante el verano entero y finalmente trabajar muy duro durante el otoño para recoger la cosecha.
La oportunidad de la primavera es breve. La oportunidad se acerca, llega y pasa rápidamente. No se demora ni pausa para mirar hacia atrás. La oportunidad solamente se nos presenta una vez y aquellos que responden a su llegada actuando proactivamente y con un fin en mente, obtendrán la medida completa de los resultados deseados.
Todo lo que hacemos determina nuestros resultados futuros. Al igual que el agricultor que se ve inmerso en la actividad de arar el terreno en preparación para la siembra, tenemos que trabajar en el desarrollo de una base de competencias sólida. Al igual que el granjero que cuida y abona su siembra para destruir las hierbas nocivas y alimentar la semilla, tenemos que esforzarnos para desarrollar nuestras actitudes y aptitudes. Finalmente, al igual que el agricultor que atiende su cultivo desde la madrugada hasta la puesta del sol, anticipando la cosecha en el futuro, tenemos que dedicarnos al trabajo efectivo de forma disciplinada para obtener los resultados que deseamos.
Si en el pasado nuestras labores han producido una cosecha insuficiente, no podemos hacer nada para alterar este resultado. No podemos cambiar el pasado. No podemos pedirle a la naturaleza que haga una excepción a sus reglas, no importa el hambre que tengamos. La naturaleza tampoco permitirá que pidamos un adelanto a la tierra. Lo único que podemos hacer es prepararnos para la llegada inevitable de otra primavera - otra oportunidad - y a su llegada, sembrar, alimentar y cuidar nuestro cultivo con la mayor diligencia posible, recordando las consecuencias dolorosas de la negligencia pasada. Sin embargo, al traer a la memoria las consecuencias, no podemos permitir que éstas nos abrumen. Su lección debe servirnos y no abatirnos. Nuestros fracasos deben ser una escuela y no un lastre que condicione negativamente nuestros intentos futuros.
Durante todo el transcurso de nuestras vidas, experimentamos un número de primaveras y cosechas. Nuestra felicidad futura es raras veces el resultado de una sola cosecha. Es el resultado de una multitud de oportunidades individuales aprovechadas o tristemente descuidadas. Nuestra felicidad se basa en el efecto acumulado de nuestra actividad anterior.
jlortiz@itesm.mx
Published on october 13, 2011 5:05:28 p.m.
Portal Informativo: Sistema Tecnológico de Monterrey
Published on october 13, 2011 5:05:28 p.m.
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