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5 de septiembre de 2011

Recibe Academia de Ingeniería Mecánica felicitación del Prof. David Noel Ramírez

El Proyecto de Lectoescritura Transversal: “Por un País de Lectores” que se ha implementado desde hace dos años en las Carreras de Ingeniero Mecánico Administrador y tronco común de Ingeniero Mecánico Electricista de nuestro campus, recibieron felicitación por los resultados conseguidos de parte de nuestro Rector, el Prof. David Noel Ramírez a finales del mes de agosto.

En este proyecto los alumnos leen tres libros sobre temas de desarrollo humano, comunicación, liderazgo, actualidad sociopolítica, etc. en la materia de Introducción a la Ingeniería Mecánica y tres libros más en el curso de Comportamiento de los Materiales. Además de la lectura, el proyecto contempla la escritura, la oratoria, el debate, la expresión verbal, la expresión no verbal, desarrollo y aplicación de competencias éticas y ciudadanas. Esta estrategia y acciones seguramente contribuyen a desarrollar en nuestros estudiantes una correcta o sana autoestima, mayor compromiso personal y con su comunidad y una mejor calidad de vida.

Algunos de los trabajos desarrollados de forma transversal durante los cursos técnicos reúnen los requisitos de calidad necesarios para ser publicados y participar en concursos de ensayo. En estas tarea, el nivel de exigencia en redacción y ortografía es muy elevado, ya que se aplica el “Descuento Ortográfico”, en el que se restan 5/100 puntos por cada error ortográfico o de redacción. Esto ha llevado, por ejemplo, a tener un excelente desempeño en el Concurso de Ensayo del “Borrego Plateado”, a que los alumnos hayan sido columnistas en varios periódicos y revistas locales y nacionales, y que hayan sido invitados a varios programas de radio, tener a un miembro distinguido en el Equipo Representativo de Debate integrado por alumnos de IMA, IIS, IBT y LRI; además se les invita frecuentemente a ser oradores en los eventos del campus tales como ceremonias de graduación, firmas de títulos, entregas de reconocimientos, etc.

Los resultados de este esfuerzo serán presentados por el Dr. José Luis Ortiz, Director de la Carrera de IMA y tronco común de IME, en el Próximo Simposium Internacional de Didáctica Universitaria que se llevará a cabo del 13 al 15 de Octubre en nuestra ciudad y que es organizado por la Universidad Pedagógica Nacional, con el fin de compartir la experiencia con los profesores universitarios de México y Latinoamérica, principalmente.


Publicado en: http://identidad.campusqueretaro.net/
Fecha de publicación: Monday, September 5th, 2011

13 de abril de 2010

Educación y comunicación efectiva


José Luis Ortiz*


El American Board of Engineering and Technology (ABET) establece como una de las competencias genéricas relevantes en los graduados de las carreras de Ingeniería, la habilidad para comunicarse de forma efectiva. Si con la educación se pretende que un estudiante egresado de una carrera de ingeniería:

* Sea un buen líder en su familia, empresa o sociedad.

* Aumente su influencia, prestigio y habilidad para lograr que las cosas se realicen.

* Despierte entusiasmo entre la gente, lo cual constituye la base fundamental para un cierre de ventas, el trabajo en equipo efectivo y la consecución de logros que les lleve a una vida satisfactoria, plena y feliz.

Entonces la mayoría de los estudiantes de ingeniería en México necesitan sobreponerse a ciertas actitudes limitantes, que llegan incluso a considerar “naturales” y que entorpecen su desempeño en la vida.

Una de las actitudes limitantes más poderosas que existen es el temor. En muchas ocasiones, aquello a lo que se teme carece de bases y no es más que una mentira con apariencia de realidad. No obstante este temor es tal que puede llegar a provocar parálisis. Hablar en público es un buen ejemplo de esto y se encuentra a la cabeza de la lista de los mayores temores del ser humano. El adiestramiento y perfeccionamiento de los estudiantes como comunicadores efectivos puede serles de utilidad en los negocios –y en la vida–, más que el conjunto de todas las demás cosas que hayan estudiado, porque elimina la timidez y la falta de confianza en ellos mismos y les procura el valor y el aplomo para tratar con la gente, ya que el liderazgo generalmente le corresponde a la gente que sabe escuchar y ponerse de pie para expresar lo que piensa con efectividad.

Escuchar, pensar y expresar las ideas con claridad y soltura, tanto en conversaciones familiares, de amigos, de negocios, así como ante grupos más numerosos, es tal vez la habilidad más preciada del ser humano. Una equivocación del líder tiene consecuencias exponenciales. W. Edwards Deming, uno de los precursores del Milagro Japonés, determinó que las fallas de calidad es deben en un 85% a los líderes y sólo en un 15% a los trabajadores. Se dice además que un líder es 50% lo que piensa y un 50% cómo lo expresa; por lo que podemos inferir que la comunicación efectiva del líder constituye un factor de muy elevado impacto en el éxito de las organizaciones.

La comunicación tiene una función trascendental en nuestra relación de pareja, determina el tipo de nexos que tengamos con nuestros hijos y, en general, influye en nuestra capacidad para relacionarnos con los demás. A nivel empresarial, la capacidad para comunicarse asertivamente es parte fundamental del buen funcionamiento de una organización y juega un papel preponderante en las actividades diarias de la compañía: Las ventas, la atención al cliente y a los proveedores, la delegación de las responsabilidades, el proceso de negociación y el desarrollo de reuniones y planes de trabajo.

Una persona puede tener en mente grandes ideas, conceptos y proyectos; pero si no tiene la competencia para expresarlos claramente, entusiasmar, persuadir e influir a quienes lo escuchan, estará anulada. Los grandes líderes de la historia han sido capaces no solo de definir objetivos, sino también de saber venderlos, teniendo como premisa básica, que esto puede lograrse solamente si ellos mismos están convencidos de las metas planteadas. Los líderes seducen con ideas y trato a sus colaboradores. La seducción consiste en atraer, conquistar y convencer a los demás haciéndolos sentir los orgullosos de su propia participación y no en imponer o dar órdenes.

Se requiere leer más para poder decir más y se requiere mucha práctica para poder comunicarse de forma efectiva; adquirir y usar nuevo vocabulario, para emplear las palabras adecuadas al expresar las ideas. En el lenguaje de las computadoras se establece: “Si nada entra, nada sale”. Por lo que se debe contar con múltiples entradas como lecturas, experiencias, viajes, diálogos, conferencias, conciertos, contacto e interrelación con gente diversa, que sensibilice, afecte y conmueva en la experiencia diaria de la vida, la gente, las empresas, las instituciones, etc.

*Director de la Carrera de Ing. Mecánica, ITESM Campus Querétaro, jlortiz@itesm.mx

Autoestima y Liderazgo


José Luis Ortiz*

Lo que se requiere hoy en día es algo mucho más complejo que el manejo empresarial de antaño, en el que el jefe era el jefe y se hacía lo que él decía y punto. Actualmente el manejo no es suficiente; hoy en día, el mundo se mueve con una velocidad vertiginosa y lo que se requiere es liderazgo, que consiste en ayudar a la gente a desarrollar todo su potencial, establecer una visión de futuro; alentar, preparar y conducir, y también iniciar y mantener relaciones interpersonales exitosas.

Todo liderazgo comienza por el liderazgo de uno mismo. Sólo quienes conocen sus debilidades pueden enfrentarse a ellas e incluso superarlas. Los profesionales, gerentes y directivos cuyas carreras se estancan por falta de confianza en ellos mismos pueden renovar su trayectoria ascendente si identifican y atacan sus debilidades. Sin embargo nadie puede hacer que otro se conozca a sí mismo, por lo que los líderes tienen que hacerse ellos mismos. Mientras nuestras debilidades permanezcan ocultas, somos impotentes ante ellas. El proceso, a veces doloroso de sacarlas a la luz del día y entenderlas, es el primer paso para superarlas.

El líder no se deja guiar por la escala de la oportunidad, sino por la calidad de la respuesta; está comprometido deliberadamente en extraer de cada momento hasta el último ápice del potencial y tiene la competencia para calcular cuando el compromiso se multiplica. Ninguna misión es motivadora mientras no sea personal, por lo que se hace responsable de su propio destino, de su propia vida, de su futuro; se traza metas y actúa para alcanzarlas, intentando aprovechar las escasas o elevadas oportunidades actuando inteligentemente. Se ha hecho responsable de sus acciones, se ha deshecho de las excusas, pretextos y justificaciones que le impiden utilizar su verdadero potencial.

Sabe que sus creencias determinan sus expectativas y que éstas influyen en su forma de actuar y su manera de actuar afectará los resultados que obtiene en su vida. Sabe que hay cosas en la vida que nunca aprenderá a menos que corra ciertos riesgos, que lo intente y si fracasa: aprende y lo vuelve a intentar aplicando los aprendizajes de los fracasos anteriores; porque el verdadero enemigo del éxito no es el fracaso, sino la mediocridad –el síndrome de lo estrictamente necesario–. No le importa cuántas veces caiga, si se levanta el mismo número de ocasiones.

Sabe que en lugar de solo desear que las circunstancias sean distintas, saca de ellas el mejor partido; en lugar de esperar que se presenten las oportunidades de oro, encuentra oro en las oportunidades disponibles. No es víctima de las circunstancias, él crea sus propias circunstancias.

Reconoce que las crisis personales son oportunidades extraordinarias de aprendizaje y crecimiento personal; de esta forma, la adversidad se convierte en buenaventura, el fracaso en sabiduría, el error en aprendizaje y si nos hace retroceder, seguramente le prepara para dar un salto mayor hacia su autosuperación y la de la gente que le rodea.

Conoce que, en gran medida, sus competencias de liderazgo serán las que definan cuánto éxito habrá de lograr u cuán feliz habrá de ser.

La lectura de libros de liderazgo, comunicación, de índole espiritual, empresarial, y diversos géneros que apoyen el desarrollo de una correcta autoestima con base en el autoconocimiento, es muy escasa en estudiantes universitarios de México. Sin embargo, al consultar a gerentes, directivos y empresarios –líderes– de diversos sectores, un buen número de ellos opinan que estas obras han sido de los que más han influido en ellos y por lo tanto en su desarrollo personal, profesional y financiero; además de sus relaciones familiares, sociales y profesionales.

¿No será importante entonces que nuestras universidades dediquen esfuerzos a desarrollar estas competencias, independientemente de las profesiones a las que vayan a dedicarse los estudiantes, que redunden en una mejor sociedad y un mejor país?

*Director de la Carrera de Ing. Mecánica, ITESM Campus Querétaro, jlortiz@itesm.mx

15 de junio de 2009

Necesitamos líderes, no jefes

“Comienzo con la premisa de que la función del líder es producir más líderes, no más seguidores.”

Ralph Nader


En cualquier grupo humano se requiere de líderes, no de jefes, para construir relaciones sanas y personas plenas, realizadas y felices, dentro de un grupo, empresa, institución o nación.

Existen tres caminos para hacer que un equipo realice su trabajo: La autoridad, el poder o la influencia. Quien ocupa una posición de jefatura, dispone de la autoridad y el poder para hacer que otros hagan lo que tienen que hacer, no por auténtica disposición ni con entusiasmo, sino por imposición. La autoridad y el poder apenas alcanzan para que la gente haga su trabajo porque lo tiene que hacer.

Si como jefe se necesita premiar o castigar, la persona se encuentra inmersa en una transacción con el otro, no en una relación. La influencia tiene que ver con la posibilidad de que la gente haga su trabajo por su cuenta con verdadero entusiasmo, porque es el líder quien invita a la tarea; porque el líder mismo es una invitación al logro porque no recurre al poder y a la autoridad para lograr que la gente se mueva hacia el logro de objetivos.

Si se actúa con el poder y la autoridad que confiere un nombramiento y se cree que esa investidura es suficiente para conformar al gusto el pequeño planeta en el que se impera, entonces, se es un jefe. El jefe inspira miedo, se le teme, se le da vuelta; se le sonríe de frente y se le critica de espaldas; tal vez se le odia en secreto. El líder inspira confianza, inyecta entusiasmo, envuelve a los demás en aire de espontánea simpatía, da poder a su gente; cuando él está presente fortalece al grupo. El líder da el ejemplo, trabaja con los demás, como los demás y para los demás; es congruente con su pensar, decir y hacer; su deber es el propio de todos, va al frente marcando el paso. Un jefe conforma a un grupo de “seguidores”; en cambio, el líder conforma a un grupo de líderes. El jefe hace del trabajo una carga; el líder, un privilegio. El jefe, se da el lujo que le confiere su autoridad de llegar con demoras y en el mejor de los casos llega a tiempo; el líder llega por adelantado, mostrando a sí mismo y a sus colaboradores que el liderazgo empieza con el liderazgo de uno mismo, con responsabilidad y compromiso personal además de la responsabilidad y el compromiso con el grupo. Siempre antes, un paso adelante, una mirada más allá que sus colaboradores. No hay nada más desmotivante para la conducta del grupo que un jefe que pretende aprovecharse de los demás y colgarse los galones que otros han conseguido, de asumir los logros del grupo como suyos.

¿No deberíamos empezar por el emplear el nombre correcto en las empresas e instituciones para el puesto de la persona que debe liderar a un verdadero equipo? ¿No deberemos llamarlos líderes en lugar de “jefes” si verdaderamente ejercen las funciones del liderazgo? Esta designación debe ser acorde con la conducta de la persona. Si ejerce el mandato solamente por nombramiento, deberá llamarse jefe; si ejerce el liderazgo por su congruencia y ejemplo, debe llamarse líder, que es la expresión amplia del amor al prójimo y el espíritu de servicio a los demás.

La autoridad estará en crisis y los resultados se encontrarán en grave riesgo cuando quien manda se contenta con ser un jefe, sin comprometerse verdadera, lógica y genuinamente en convertirse en líder. Lo que necesita un grupo, grande o pequeño; es tener al frente, no a un oportunista arrogante, sino a un servidor sincero.


Publicado en el periódico "El Corregidor de Querétaro", el día 12 de Junio de 2009, p. 2.

10 de junio de 2009

El liderazgo de excelencia es un esfuerzo diario


José Luis Ortiz*


“Sólo triunfa en el mundo quien se levanta y busca a las circunstancias y las crea si no las encuentra.”

George Bernard Shaw


Lo que se requiere hoy en día es algo mucho más complejo que el manejo empresarial de antaño, en el que el jefe era el jefe y se hacía lo que él decía y punto. Actualmente el manejo no es suficiente; hoy en día, el mundo se mueve con una velocidad vertiginosa y lo que se requiere es liderazgo. Quien posee esta competencia, ayuda a la gente a desarrollar todo su potencial, establecer una visión de futuro; alentar, preparar y conducir, y también iniciar y mantener relaciones interpersonales exitosas.

Todo liderazgo comienza por el liderazgo de sí mismo. Solo quienes conocen sus debilidades pueden enfrentarse a ellas e incluso superarlas. Los profesionales, gerentes y directivos cuyas carreras se estancan por falta de confianza en ellos mismos pueden renovar su trayectoria ascendente si identifican y atacan sus debilidades. Sin embargo nadie puede hacer que otro se conozca a sí mismo, por lo que los líderes tienen que hacerse ellos mismos. Mientras nuestras debilidades permanezcan ocultas, somos impotentes ante ellas. El proceso, a veces doloroso de sacarlas a la luz del día y entenderlas, es el primer paso para superarlas.

El líder no se deja guiar por la escala de la oportunidad, sino por la calidad de la respuesta; está comprometido deliberadamente en extraer de cada momento hasta el último ápice del potencial y tiene el talento para determinar cuando el compromiso se multiplica. Ninguna misión es motivadora mientras no sea personal, por lo que se hace responsable de su propio destino, de su propia vida, de su futuro; se traza metas y actúa para alcanzarlas, intentando aprovechar las escasas o elevadas oportunidades actuando inteligentemente. Se ha hecho responsable de sus acciones, se ha deshecho de las excusas, pretextos y justificaciones que le impiden utilizar su verdadero potencial.

Sabe que sus creencias determinan sus expectativas y que éstas influyen en su forma de actuar y su manera de actuar afectará los resultados que obtiene en su vida. Sabe que hay cosas en la vida que nunca aprenderá a menos que corra ciertos riesgos, que lo intente y si fracasa: aprende y lo vuelve a intentar aplicando los aprendizajes de los fracasos anteriores; porque el verdadero enemigo del éxito no es el fracaso, sino la mediocridad –el síndrome de lo estrictamente necesario–. No le importa cuántas veces caiga, si se levanta el mismo número de ocasiones.

Sabe que en lugar de solo desear que las circunstancias sean distintas, saca de ellas el mejor partido; en lugar de esperar que se presenten las oportunidades de oro, encuentra oro en las oportunidades disponibles. No es víctima de las circunstancias, él crea sus propias circunstancias.

Reconoce que las crisis personales son oportunidades extraordinarias de aprendizaje y crecimiento personal; de esta forma, la adversidad se convierte en buenaventura, el fracaso en sabiduría, el error en aprendizaje y si le hace retroceder, seguramente le prepara para dar un salto mayor hacia su autosuperación y la de la gente que le rodea.

Conoce que, en gran medida, sus competencias de liderazgo serán las que definan cuánto éxito habrá de lograr u cuán feliz habrá de ser.


Artículo publicado en el periódico "El Corregidor de Querétaro", 5 de Junio de 2009, p. 9.

16 de mayo de 2009

¿Qué es la Ley de la Atracción y cómo funciona?

“Todo lo que somos es el resultado de nuestros pensamientos”.

Buda

Muchas veces pecamos al pensar que si nos sucede algo bueno, ha sido consecuencia del azar, no confiamos en nuestra propia capacidad para atraer el éxito. Si nos sucede algo bueno lo atribuimos a la buena suerte, como si no se tratara de algo que depende de nosotros. Hoy sabemos que cada uno de nosotros es capaz de atraer o alejar el éxito y la felicidad según sus propios pensamientos, creencias, actitudes y acciones. ¿Cuántas veces has escuchado esto?: "Yo creo en la Ley de Atracción pero a mí no me funciona", "La Ley de Atracción existe pero no sé cómo usarla", "La verdad he atraído cosas positivas a mi vida pero a veces no lo logro". ¿Sabías que la Ley de Atracción las has usado desde que tienes consciencia adulta? ¿Sabías que la Ley de Atracción forma parte de tu naturaleza humana?

Esta ley has sido conocida y aplicada por los hombres y las mujeres más grandes e influyentes de la historia como Buda, Jesucristo, San Ignacio de Loyola, Albert Einstein, Winston Churchill, Martin Luther King, La Madre Teresa, Bill Gates, etc. En términos simples, La Ley de la Atracción indica que atraes hacia tu vida aquello en lo que enfocas tu pensamiento de manera constante. Eres una especie de imán viviente: atraes todo aquello en lo que piensas –bueno o malo, consciente o inconscientemente–. Si piensas positivamente, atraerás situaciones y cosas positivas; si piensas negativamente, atraerás situaciones y cosas negativas. Si tus pensamientos dominantes se encuentran constantemente enfocados en obtener resultados positivos, en tus fortalezas o en hábitos de éxito, entonces eso será lo que se manifieste en tu vida. En otras palabras: aquello en lo que te enfocas tiende a expandirse en tu vida. Una vez que aceptas que eres el fabricante de tu propia realidad, verás que tienes el poder para cambiar esa realidad. La gente feliz y alegre parece que atrae a otra gente alegre y feliz. La persona que posea conciencia de prosperidad parece que encuentra ideas y oportunidades para hacer dinero. La ley de atracción actúa en todas partes y en todo momento.

Siembra un pensamiento, cosecha una acción; siembra una acción, cosecha un hábito. Siembra un hábito, cosecha un carácter; siembra un carácter, cosecha un destino.”

Séneca

Los principios de la Ley de la Atracción se encuentran constituidos por simples normas que están al alcance de cualquier persona. Todos podemos aprenderlas y practicarlas hasta incorporarlas a nuestra vida en forma de hábitos. Sin embargo, para hacerlos parte nuestra, es necesaria la actividad disciplinada al repetirlos una y otra vez de manera sistemática y con un fin en mente. Esta ley es sin lugar a dudas la forma más corta y rápida para crear mejores relaciones, una salud óptima, mayores satisfacciones personales y gran prosperidad en la vida.

“Da tu primer paso con fe, no es necesario que veas la escalera completa, sólo da tu primer paso con fe.”

Martin Luther King

Mucha gente no sabe cómo trasladarse desde el sitio en el que encuentra hasta dónde quiere llegar. Con la Ley de Atracción, sin embargo, no es necesario tener todas las respuestas antes de comenzar. Siempre que tengas claro lo que quieres y con la clase de gente que te conviene asociarte, terminarás arrastrándola hacia tu vida.

Para atraer resultados positivos podemos iniciar desarrollando el hábito del agradecimiento: Elabora una lista de aquellas cosas o situaciones que puedes agradecer. Agradece todos los días: agradece este nuevo día que te ha dado la vida, tener vida, salud, contar con la riqueza invaluable de aquello que no cambiarías por dinero. Notarás que poco a poco tu lista se expande. Notarás un cambio de actitud en ti y ese cambio de actitud es como la atracción encuentra el camino hacia ti.

“Trabaja como si el éxito dependiera de tu propio esfuerzo, pero confía como si todo dependiera de Dios.”

San Ignacio de Loyola

En el Nuevo Testamento se encuentran numerosas referencias que ponen de manifiesto que la Ley de la Atracción, lejos de ser un planteamiento esotérico, en su esencia encierra muchos de los principios que Jesús compartiera con sus discípulos. La Biblia dice: “Pidan, y se les dará”; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre”. (Mateo 7:7-8). De las personas que utilizan correctamente la Ley de Atracción se dice en ocasiones que tienen “suerte”. Si su suerte consiste en haberse preparado disciplinadamente, desarrollado la actitud correcta, actuado sensatamente y con fe para obtener los resultados que deseaban, aprovechando los beneficios de la Ley de la Atracción; efectivamente, esas personas han tenido mucha suerte; tal como la tuvieron un puñado de jesuitas liderados por San Ignacio de Loyola hace más de cuatro siglos y medio, que llegaron e hicieron alrededor del mundo, lo que nunca antes un europeo hubiese siquiera imaginado y que hoy se han constituido, no obstante los innumerables obstáculos con los que se han enfrentado -dentro y fuera de la Iglesia Católica-, en la compañía religiosa más exitosa de la historia.

*Director de la Carrera de Ingeniería Mecánica, Tecnológico de Monterrey, Campus Querétaro, jlortiz@itesm.mx

Artículo publicado en el periódico “El Corregidor de Querétaro”, 15 de mayo de 2009, p. 7.