20 de mayo de 2010

Educar para la vida


José Luis Ortiz*

Algunas preguntas clave que debemos plantearnos tanto los padres de familia como los profesores son: ¿Estamos educando para la vida o solamente transmitimos información, -instruyendo-? ¿Somos maestros o profesores? ¿Predicamos con el ejemplo o solamente expresamos con palabras lo que más tarde contradecimos con los hechos?

Motivar a nuestros hijos y alumnos a preguntar y enseñarles el cómo hacerlo debe ser parte de la misión de los padres y maestros, y también uno de sus objetivos fundamentales. Para que los educandos hagan suya la frase de Demócrito “Prefiero conocer una causa a ser el Rey de Persia” necesitamos ser interesados: interesarnos sobre los asuntos importantes de la vida, averiguar, aprender, buscar causas y predecir efectos, etc. De esta forma la vida será una búsqueda permanente del conocimiento, la potenciación de talentos y la superación continua. Quien tiene un fin en mente, algo que perseguir, una meta que alcanzar, un objetivo que cumplir, tiene también razones poderosas para vivir y aprovechar al máximo cada instante de su existencia.

En muchos hogares y escuelas nos han instruido para la prosperidad, en el mejor de los casos; pero no nos han educado para tener paz por medio del perdón, la flexibilidad, la tolerancia, la cultura de dar, el respeto, la búsqueda permanente del mejoramiento personal, etc. Sabemos que el ser humano es un ser biológico, sicológico y espiritual y no nos han entrenado para ser felices y productivos. Pocas veces conseguimos una educación integral de excelencia. ¿Por qué nuestro sistema educativo ha fracasado?

¿Cómo educamos a la gente para ser productiva? Cuando un alumno tiene problemas en un área específica del conocimiento, un elevado porcentaje de los profesores aconsejaría proporcionarle asistencia adicional en esa área y en muchos casos la asistencia de un sicólogo que le apoyen en la superación de esas “deficiencias”. No pensamos que si una persona es excelente en un área y deficiente en otra, habría que enviarlo por tiempo adicional y dedicar todos los recursos disponibles para potenciar al máximo sus fortalezas y no machacarle en sus debilidades. Hay una razón de peso para afirmar lo anterior: Ninguna personas puede ser buena en todo. Este es un paradigma equivocado: ¿por qué una persona debe tener notas elevadas en todos sus cursos? ¿Por qué el afán de ser buenos en todo? ¿Cuánto habrá perdido la humanidad por insistir en el paradigma anterior? Por ejemplo, el padre de Miguel Angel quería que el gran artista se convirtiera en contador, si su deseo se hubiera cumplido, la humanidad se hubiera perdido de uno de los artistas más geniales de la historia. Por lo anterior, lo que realmente se requiere es enfocarnos en nuestras potencialidades, en nuestros talentos y dejar de incidir en nuestras debilidades.

Muchas instituciones educativas se encuentran preocupadas por la disminución de los índices de reprobación, la deserción y el bajo nivel de adquisición de conocimientos de los estudiantes. Establecen planes, programas, estrategias y acciones tendientes a atacar la problemática en lugar de aumentar la competitividad de los egresados al educarlos realmente para la vida y no instruirlos para aprobar un examen o demostrar ciertos conocimientos que en muchas ocasiones tienen bajas posibilidades de aplicación. Los padres y profesores debemos ir a la raíz del problema, no tratando de curar con cáncer con aspirinas, no atacando los síntomas sino el origen de la enfermedad. En la mayoría de los casos las enfermedades tienen un origen emocional, mental o espiritual que se generan por falta de bases sólidas de índole formativa y no por falta de conocimientos.

*Director de la Carrera de Ing. Mecánica, ITESM Campus Querétaro, jlortiz@itesm.mx

La importancia del desarrollo de competencias genéricas

José Luis Ortiz*

“Siembra un pensamiento, cosecha una acción; siembra una acción, cosecha un hábito. Siembra un hábito, cosecha un carácter; siembra un carácter, cosecha un destino.”

Séneca

Sabemos que nuestros hijos y alumnos deberán ser personas altamente efectivas para lograr tener una vida plena, feliz y exitosa en un mundo altamente competitivo. Para responder a este desafío, las instituciones educativas hacen cada vez más énfasis en las competencias como elemento medular del diseño curricular. Pero ¿Qué son las competencias? ¿Cuál es la importancia de las competencias genéricas? ¿Cuál es la responsabilidad de la familia y la escuela en el desarrollo de estas competencias?

En los párrafos siguientes podrán despejarse estas cuestiones básicas y tal vez motivar a la investigación de aspectos más profundos sobre esta temática.

Las competencias son características subyacentes de las personas, que se encuentran vinculadas con la efectividad en su desempeño en términos de criterios establecidos.

Nuestras competencias son determinadas por nuestros hábitos. Un hábito resulta de la intersección de conocimientos, habilidades y motivación. El paradigma el conocimiento es el qué hacer y el por qué hacerlo, la habilidad es el cómo hacer y la motivación es el querer hacerlo (Figura). Así, una persona puede tener el conocimiento y la habilidad para escuchar a los demás, pero si no quiere hacerlo, sencillamente no será efectiva.

Los hábitos son pautas consistentes, y a menudo inconscientes que expresan nuestro carácter y generan nuestra efectividad o nuestra inefectividad. Tal desempeño es producto de los conocimientos, valores, habilidades, actitudes y conductas que nos permiten incorporarnos, interactuar con éxito en los ámbitos personal, familiar, escolar, profesional, social, etc. y tener el estilo de vida que nos haga transitar sobre el camino de la felicidad.

Del análisis de estas definiciones puede concluirse que las competencias:

1. Son características inherentes de la persona; una vez desarrolladas, tienden a ser permanecer en ella.

2. Se ponen de manifiesto cuando se ejecuta una tarea o se realiza un trabajo,

3. Están relacionadas con la ejecución exitosa en una actividad, sea laboral o de otra índole.

4. Tienen una relación causal con el rendimiento, es decir, no están solamente asociadas con el éxito, sino que se asume que realmente lo causan.

5. Pueden ser generalizables a más de una actividad (competencias genéricas).


Figura: Hábitos efectivos, tomada del libro: Los 7 Hábitos de la gente altamente efectiva, Lecciones magistrales para el cambio personal, Stephen R. Covey, 1ª. Ed. Paidós, México, 1997, p. 60.


Una competencia es lo que hace que la persona sea, valga la redundancia, "competente" para realizar un trabajo o una actividad y exitoso en la misma, lo que puede significar la conjunción de conocimientos, habilidades, disposiciones y conductas específicas. Si falla alguno de esos aspectos, y el mismo se requiere para lograr algo, ya no se es "competente".

El único activo real que tienen los niños y los jóvenes es su mente, por lo que es muy importante enseñar a nuestros hijos a trabajar para aprender, no para ganar dinero. Ellos deben buscar un trabajo de acuerdo a lo que aprenderán, más que de acuerdo con lo que ganarán. Aprender un poco acerca de mucho, desarrollar las competencias genéricas para afrontar de manera efectiva los retos de un mundo complejo y cambiante como el que vivimos, debe ser el lema de los jóvenes de nuestro tiempo.

Las competencias genéricas son competencias transversales que son transferibles a multitud de funciones y tareas, que hacen que la persona sea flexible y se adapte a diferentes situaciones y dominios. Ejemplos de estas competencias son: el liderazgo positivo, la comunicación efectiva, el dominio y uso adecuado de otros idiomas, la habilidad para aprender por cuenta propia, etc. Las competencias específicas, en cambio son aquellas directamente relacionadas con una ocupación o disciplina y que difícilmente pueden extrapolarse a otros ámbitos.

Mientras más especializado es uno, más atrapado y dependiente es de la especialidad. Desarrollar competencias específicas descuidando las competencias genéricas o básicas, limita enormemente nuestro desempeño personal, familiar, social, profesional y ciudadano. Hoy sabemos que debido a la globalización, las nuevas tecnologías y la alta competitividad de las organizaciones, la persona promedio debe esperar desempeñarse por lo menos en siete áreas distintas a lo largo de su vida profesional. Actualmente, lo único constante es el cambio. Frecuentemente, lo que cuenta no es lo que sabemos, porque frecuentemente lo que sabemos es obsoleto; lo que realmente importa es qué tan rápido se puede aprender.

El enfoque del diseño curricular por competencias permite encontrar la convergencia entre la educación –en la que la instrucción solamente es una parte– y nuestro desempeño en la vida –en el que el aspecto laboral solamente es también una parte–. Esto representa un reto importante en la búsqueda de espacios formativos que permitan a nuestros hijos y alumnos acercarse a los espacios reales e interactuar con ellos.

El desarrollo de competencias genéricas constituye una responsabilidad compartida entre el sujeto, la familia y la escuela. Existe una serie de creencias, actitudes y conductas que impiden u obstaculizan el desarrollo de estas competencias, muchas de ellas generadas por malas experiencias vividas desde la infancia, que nos han condicionado y hecho proclives a la mediocridad y al conformismo que evitan que nos sobrepongamos al fracaso; creando pretextos, excusas y justificaciones que nos impiden tratar nuevamente para lograr ser competentes. La Programación Neurolingüística (PNL) puede ser un instrumento poderoso para reprogramar nuevamente la mente e introducirle información acerca de todos los principios que rigen nuestra mala experiencia, para así desbloquear esas falsas creencias que se arraigaron y que no nos permiten tomar las acciones que desarrollen las competencias que deseamos. Esta labor es muy efectiva sobre todo si se desarrolla a través de un proceso sinérgico en el trinomio: educando-padres-maestros.

*Director de la Carrera de Ingeniería Mecánica, ITESM Campus Querétaro, jlortiz@itesm.mx

El valor de la educación



José Luis Ortiz*

La educación es más valiosa a largo plazo que el dinero. Los padres debemos invertir primero en educación, ya que en realidad, el único activo que tienen nuestros hijos es su mente. Es muy importante enseñar a nuestros hijos a trabajar para aprender, no para ganar dinero. Ellos deben buscar un trabajo de acuerdo a lo que aprenderán, más que de acuerdo con lo que ganarán. Es mejor vaciar nuestros bolsillos en nuestra mente, ya que más tarde nuestra mente llenará nuestros bolsillos. Aprender un poco acerca de mucho, debe ser el lema de la gente progresista de nuestro tiempo. Esta idea la expresaba José Apráiz Barreiro, ilustre catedrático de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Bilbao con la frase: “Un ingeniero debe ser aprendiz de todo y especialista en algo”. Mientras más especializado es uno, más atrapado y dependiente es de la especialidad. Hoy sabemos que debido a la globalización, las nuevas tecnologías y la alta competitividad, la persona promedio debe esperar desempeñarse por lo menos en siete áreas distintas a lo largo de su vida profesional.

El éxito, el dinero, y la fama no se persiguen, se atraen; son una consecuencia de nuestra actitud y nuestras acciones y éstas están determinadas por nuestra educación. Es indispensable asumir en una educación integral, que la parte más difícil al dirigir una empresa consiste en manejar al personal, en aprender a manejar hombres en situaciones difíciles. El liderazgo es algo que los jóvenes deben aprender, ya que si no se es un buen líder, la gente nos dará la puñalada trampera a la primera oportunidad que se le presente. Una habilidad del líder consiste en manejar y pagar bien a personas que son más inteligentes que él en algún área técnica. Una persona inteligente contrata a personas más inteligentes que ella. Sabemos que en el mundo actual, lo único constante es el cambio, por lo tanto, lo que cuenta no es lo que sabemos, porque frecuentemente lo que sabemos es obsoleto; lo que realmente importa es qué tan rápido se puede aprender. Una de las actitudes limitantes más poderosas que existen es el temor. Los jóvenes deben aprender a enfrentarse a esta actitud. En muchas ocasiones, aquello que tememos carece de bases y no es más que una mentira con apariencia de realidad. No obstante el miedo que sentimos es tal que nos puede paralizar. Hablar en público es un buen ejemplo de esto y que se encuentra a la cabeza de la lista de los mayores temores del ser humano, incluso por encima del miedo a la misma muerte; a tal grado que cuando se le pide a alguna persona de diga algunas palabras ante un auditorio llega a expresar: “me quiero morir”, o lo que es lo mismo: prefiere morirse antes que hablar. Comunicarse de forma efectiva, expresando con claridad y elocuencia lo que se piensa, en situaciones de negocios, con amigos, familiares, etc. es otro de los aprendizajes invaluables que nuestros estudiantes deben adquirir y desarrollar. De acuerdo con los siquiatras, el miedo a hablar en público es causado por el miedo a destacar, a la crítica, al ridículo y a ser expulsado. El miedo a ser diferente impide que muchas personas busquen nuevas formas de resolver sus problemas. El joven debe aprender a hacer lo que el corazón le dicte, ya que será criticado de cualquier forma. Lo criticarán si lo hace y lo criticarán si no lo hace.

La habilidad de comunicación efectiva es tal vez la más importante de todas, ya que una persona puede tener ideas brillantes, pero si no las puede expresar de manera efectiva, estará anulada. Se dice que un líder es 50% lo que piensa y 50% cómo lo expresa. Las habilidades de ventas y mercadotecnia son difíciles para la mayoría de la gente, principalmente por el miedo al rechazo. Puede haber genios, pero si no saben comunicarse efectivamente con otros seres humanos, obtendrán como resultado ingresos lamentables. Robert Kiyosaki, autor del Bestseller: Padre Rico, Padre Pobre, aconseja en su obra que los jóvenes pasen al menos un año de su vida aprendiendo cómo vender. Incluso si no ganan dinero, sus habilidades de comunicación mejorarán. Y esto no tiene precio.

*Director de la Carrera de Ing. Mecánica, ITESM Campus Querétaro, jlortiz@itesm.mx

28 de abril de 2010

El valor de la sonrisa


José Luis Ortiz*

"Para estar sano hay que reír al menos treinta veces al día".

Proverbio chino

Todo el mundo busca la felicidad, y sólo hay un medio seguro para encontrarla: consiste en controlar nuestros pensamientos. La felicidad no depende de condiciones externas, depende de condiciones internas. No somos felices por la casa, el auto, las vacaciones o el dinero que tenemos; sino por aquello que somos y por lo que tenemos y no cambiaríamos por dinero y que además apreciamos; como la vida, la salud, el amor, la amistad, el aprecio, el reconocimiento, la satisfacción de servir a los demás, etc. Recordemos que “solamente lo barato se compra con dinero” y que es mejor vivir en una choza con alguien que nos ame que vivir en soledad en una gran mansión”.

No es lo que tenemos o lo que somos o lo que realizamos, nada de eso; lo que nos hace felices o desgraciados. Es lo que pensamos acerca de todo ello.

Las acciones dicen más que las palabras y una sonrisa expresa: Me agradas, estoy feliz contigo, me alegra verte. Una sonrisa es el más saludable masaje de belleza para el rostro, y la expresión del rostro es mucho más importante que el maquillaje que usamos o que la ropa o accesorios que nos ponemos. Hace lucir a las mujeres más guapas y a los hombres nos hace ver menos feos, y por supuesto que más vale una sonrisa fingida que una jeta natural, pero es mucho mejor una sonrisa natural, auténtica, que salga del corazón.

Los padres que sonríen tienden a enseñar, trabajar y vender con mayor efectividad y a criar hijos más felices, es por esto que en la enseñanza es mucho más eficaz el estímulo que el castigo.

Sonría hasta cuando habla por teléfono, esto se refleja en su tono de voz. Recuerde que rara vez triunfa una persona en cualquier cosa a menos que le divierta hacerla. Siembre sonrisas y cosechará felicidad. ¿Y si no tiene ganas de sonreír? Esfuércese por hacerlo, merece la pena: “Empiece por actuar y terminará por creer”, este es un ejercicio que exige constancia y disciplina; al principio parecerá difícil, pero con práctica podrá lograr desarrollar esta habilidad. “La práctica hace al maestro”: Proceda como si fuera feliz y eso contribuirá a hacerlo feliz.

La risa produce verdaderos fármacos, por lo que es capaz de curar o por lo menos atenuar la mayoría de nuestros padecimientos, y además no hay ningún peligro si se supera la dosis. Al reír, el cerebro hace que nuestro cuerpo segregue endorfinas, sedantes naturales similares a la morfina; esas sustancias actúan como drogas naturales que circulan por el organismo. Por eso cinco o seis minutos de risa continua actúan como un analgésico.

Aunque siempre se ha sabido que el sentido del humor influye en la recuperación de los enfermos, fue a partir de la década de los 70’s cuando la risoterapia tuvo relevancia con el famoso caso de Norman Cousins: un importante ejecutivo de Nueva York, conocido crítico y editor del Saturday Review, a quien a los cincuenta años le fue diagnosticada espondolitis anquilosante (artritis espinal sumamente dolorosa) que lo dejó lisiado. Los médicos no conocían la cura para la enfermedad y ante este panorama nada alentador, Cousins cayó en depresión mayor, mientras más se deprimía peor era su estado y el dolor se hacía cada vez más intenso.

Los galenos le comentaron que un poquito de alegría le vendría bien; así que pidió varias películas cómicas y apenas comenzó a verlas y a reírse a carcajadas, se sintió mejor; así descubrió que por diez minutos de risa a mandíbula batiente lograba eliminar el dolor por dos horas, mientras más se reía, mejor se sentía; además gracias a sus sesiones diarias de risa pudo conciliar otra vez el sueño.

La risoterapia utiliza mucho los sentidos porque éstos están en contacto directo con la risa, y es lo que más éxito tiene a la hora de hacer reír, pero además contemplan lo siguiente:

Teoría: se repasa todo lo referente a la risa en las diferentes culturas, así como las distintas clases de risa que se conocen (acogedora, maliciosa, nerviosa, hueca, histérica, profunda...). Se estudia también la parte de la memoria en la que almacenamos los momentos en los que se ha reído.

Una parte práctica de estiramientos: el movimiento desbloquea el cuerpo y lo relaja. Por eso se hacen unos ejercicios de pulmones, espalda y estómago, para reír de la mejor forma y con la máxima facilidad.

Comunicación: Se hacen ejercicios de comunicación con el fin de desinhibirse y crear complicidad entre los asistentes a la terapia.

Técnicas: Se trata de practicar diversas técnicas con el fin de buscar la diversión y la vuelta a la infancia para lograr la mejor risa; es decir, la más saludable, esa que proporciona una carcajada intensa y pura.


*Director de la Carrera de Ing. Mecánica, ITESM Campus Querétaro, jlortiz@itesm.mx

¿Cuál es la principal causa de nuestros problemas? (II)


José Luis Ortiz*

Solamente hay un lugar en el universo que con toda seguridad podemos cambiar y está en nosotros mismos. Si nosotros cambiamos, seguramente todo a nuestro alrededor también cambiará; si evolucionamos, seguramente nuestra familia, comunidad y país evolucionarán. Sin embargo, muy pocas personas establecen estrategias de mejora continua a nivel personal. ¿Cómo podemos esperar que las cosas mejoren, que se resuelvan los problemas, si seguimos haciendo lo mismo? Pocas personas plantean propuestas serias y menos aún exigen que se tomen acciones para la solución de las dificultades de nuestra sociedad. En los corrillos de los bares, en las reuniones familiares o en los pasillos de las oficinas se escuchan expresiones de inconformidad y malestar. Pero ¿qué estamos haciendo para cambiar? Si esperamos a que el presidente, los gobernadores, los senadores, los diputados, los funcionarios, etc., solucionen la situación, seguramente nos vamos a quedar toda la vida esperando. Muchos vemos con conformismo que sexenio tras sexenio aparezca una pequeña luz de esperanza que se extingue poco a poco con el paso del tiempo. Y siempre es lo mismo: año tras año, período tras período; con cada cambio de gobierno o de partido en el poder; y así seguimos y seguiremos esperando, es lo que hemos hecho a través de todo el tiempo: esperar.

En tanto que una masa crítica de nosotros –los ciudadanos- no renueve sus actitudes y conductas, este país no cambiará. El no evolucionar significa en realidad retroceder. En este mundo globalizado y de avances tecnológicos, lo único constante es el cambio y tal como lo estamos haciendo, parece ser que muchas economías avanzan, con mayores o menores dificultades, pero la nuestra no. El futuro no se dibuja alentador: disminución de las exportaciones petroleras, reducción de las remesas de nuestros compatriotas que al no encontrar un empleo digno en nuestro país se ven forzados a vender su fuerza de trabajo y colaborar en el desarrollo de otros países, principalmente de los Estados Unidos, deterioro de la calidad educativa a juzgar por los pobres resultados que se han obtenido a nivel internacional, etc.

Más vale actuar tarde que nunca. Sin embargo es mucho mejor "a tiempo". Esto causa menos demoras, reproceso, desmotivación, producción de baja autoestima, y en general incrementa la efectividad.

La crisis económica de nuestro país es producto, en parte, de una crisis a escala internacional, pero gran parte del problema está dentro de nosotros. ¿Cómo podemos explicar una caída en el PIB de alrededor del 8%, mientras en China se da un incremento del sustancial en el mismo período?

México ha tenido la caída preocupante en su economía. La situación global es común para todos. Pero si persistimos en la actitud de querer atribuir al destino, al mercado internacional, a "la crisis", al jefe, a las autoridades, etc. la causa de nuestros problemas, será como “encontrarnos en el hoyo y seguir cavando”.

Si hubiésemos educado oportunamente a nuestros niños y jóvenes en el desarrollo de sus habilidades de liderazgo: sentido existencial, comunicación efectiva, planteamiento y solución de problemas, compromiso social, etc., no tendríamos que estar sufriendo ahora las consecuencias de nuestro conformismo y apatía por los grandes problemas nacionales. No es la situación económica adversa lo que nos está produciendo problemas para que los jóvenes profesionales egresados de las instituciones de educación superior se empleen -es un factor que contribuye, pero no es definitivo-, las barreras reales consisten en que muchos de ellos no tienen la actitud, las conductas y la sabiduría que requieren los empleadores o que son necesarias para aprender por cuenta propia y generar su propio empleo.


*Director de la Carrera de Ing. Mecánica, ITESM Campus Querétaro, jlortiz@itesm.mx

¿Cuál es la principal causa de nuestros problemas? (I)


José Luis Ortiz*

Uno de los cuentos que más suelo narrar a mis alumnos es el de “Las Lagartijas”. Lo hago por el gran cúmulo de aprendizajes que pueden desprenderse de su análisis y reflexiones. Ahora tengo la oportunidad de contarle a usted, amigo lector, esta metáfora popular africana del país de Burkina Faso en los siguientes párrafos.

Una mañana una aldea de Burkina Faso, donde las casas son redondas y los techos de paja; dos lagartijas empezaron a pelear por un insecto. Un perro que pasaba por allí intentó separarlas, pues deseaba evitar la violencia en ese poblado; pero ellas estaban tan entregadas a la reyerta que incluso lo golpearon cuando lo intentó. El perro, entonces, acudió a su amigo el gallo, a quien consideraba un animal fuerte y macho, ya que tenía a todas sus gallinas bajo control, para que le ayudara a distanciarlas. El emplumado le contestó: "dos lagartijas que pelean no son mi problema, yo cuido de mis gallinas y lo demás no me importa".

El perro siguió buscando ayuda, y así fue como encontró al buey. El bovino mugió: "yo me ocupo de mis problemas y los problemas de los demás no son mi problema".

El perro tropezó con el burro, al que consideraba un animal viejo y sabio y le pidió que hiciera algo para evitar el pleito. El burro le contestó: “No te preocupes: si no dices, nada, si no ves nada, si no escuchas nada; no pasa nada”.

Para ese momento, las lagartijas enloquecidas se habían subido al techo de paja de una casa. Dentro, la abuela preparaba la sopa y la paja se cayó encima del fuego, la casa comenzó a incendiarse y la abuela murió.

Cuando la gente lo vio eso, fueron a buscar al burro y lo cargaron con enormes baldes de agua para apagar el fuego.

Después de enterrar a la abuela, hicieron una gran fiesta que duró tres semanas, ya que al morir una persona de edad avanzada, esto significa que ha tenido una buena vida para llegar a esa edad. Así que se buscaron músicos y bailarines, pero, como para toda fiesta se necesita comida, mataron al gallo, mataron al buey y prepararon rica comida para el pueblo.

El perro fue a buscar al burro y le dijo: -ya ves, si pensabas que dos lagartijas que peleaban no era tu problema, mira que el gallo se murió, el buey se murió, y a ti te duele la espalda de tanto cargar agua, ahora necesitas ayuda ¿era o no tu problema?

El narrador africano que contó este cuento comentó que cuando hay un problema en una comunidad, toda la comunidad tiene que reunirse para resolverlo, aunque solamente sea un problema de lagartijas, porque los problemas de la minoría son problemas de la mayoría. Los problemas de uno afectan a todos, tarde o temprano.

La acción más pequeña de un miembro de una comunidad, puede repercutir en los demás. Esta comunidad puede ser tan grande como quiera establecerse el tamaño del sistema de estudio: una familia, una comunidad, una ciudad, un país o la gran comunidad global del mundo. Ahora ya no son las lagartijas que se pelean por un insecto; sino la mujer que riñe con su esposo; los colonos de una urbanización que no se ponen de acuerdo sobre un programa de mejoras para su hábitat; los funcionarios que abusan de su puesto para enriquecerse ilícitamente en detrimento de la población; los diputados que votan en contra de iniciativas solamente porque provienen de otro partido; los gobiernos de países que expresan el respeto a los derechos humanos y cometen abusos fuera de sus fronteras principalmente en naciones débiles, etc.

Muchos mexicanos pasamos buena parte de nuestras vidas criticando, quejándonos y despotricando sobre la situación económica, política, social, etc. del país; sobre el clima de inseguridad, delincuencia, corrupción, desempleo, inflación, pérdida del poder adquisitivo, etc., pero la mayoría no movemos un dedo para cambiar el estado de las cosas. Es posible que pensemos que los problemas de los demás no parecen ser nuestros problemas mientras “parezca” que no nos afecten.

Nos hemos llegado a acostumbrar a que el automóvil tiene prioridad sobre el peatón; a que la mordida es una forma rápida y segura de evitarnos pérdidas de tiempo y gastos mayores; a que la compra de películas y discos pirata nos permite ahorrar algunos pesos, aún a costa de las pérdidas de empleos que sufren nuestros compatriotas que honestamente corren riesgos al iniciar una empresa legalmente y las fuentes de empleo que diariamente se están perdiendo por esta causa; y así puede seguir un larga lista de comportamientos inmorales y con una carencia total de conciencia de solidaridad con nuestra patria. En fin, a no preocuparnos por los que se encuentran fuera de nuestro círculo cercano, de aquello que nos afecte directamente. Este es un grave problema, ya que como ha mencionado Stephen R. Covey "Si piensas que el problema está allá afuera, ése es el problema."

*Director de la Carrera de Ing. Mecánico Administrador, ITESM Campus Querétaro, jlortiz@itesm.mx

Comunicación Efectiva (II)

José Luis Ortiz*

Se ha dicho que la pluma es más poderosa que la espada. Las palabras y las emociones descargadas en ellas pueden tener un impacto mayor que cualquier arma. Las palabras pueden cambiar rumbos de empresas, de vidas, de gobiernos, de sistemas económicos, etc.

Muchos de los grandes líderes a través de la historia se han caracterizado por haber sido grandes comunicadores. La comunicación tiene una función trascendental en nuestra relación de pareja, determina el tipo de nexos que tengamos con nuestros hijos y, en general, influye en nuestra capacidad para relacionarnos con los demás. A nivel empresarial, la capacidad para comunicarse asertivamente es parte fundamental del buen funcionamiento de una organización y juega un papel preponderante en las actividades diarias de la compañía: Las ventas, la atención al cliente y a los proveedores, la delegación de las responsabilidades, el proceso de negociación y el desarrollo de reuniones y planes de trabajo.

Los líderes deben cultivar el arte de la comunicación: ser excelentes oradores y estar convencidos de lo que desean comunicar, ya que lo que verdaderamente convence es la convicción. La firmeza en ideas es la que da la fuerza a las palabras. La pasión auténtica no se puede simular. Podemos afectar, sensibilizar y conmover a la gente con palabras cargadas de emoción con una intensidad y efectividad significativamente mayores, que con solo palabras.

Una persona puede tener en mente grandes ideas, conceptos y proyectos; pero si no tiene la competencia para expresarlos claramente, entusiasmar, persuadir e influir a quienes lo escuchan, estará anulada. Los grandes líderes de la historia han sido capaces no solo de definir objetivos, sino también de saber venderlos, teniendo como premisa básica, que esto puede lograrse solamente si ellos mismos están convencidos de las metas planteadas. Los líderes seducen con ideas y trato a sus colaboradores. La seducción consiste en atraer, conquistar y convencer a los demás haciéndolos sentir los orgullosos de su propia participación y no en imponer o dar órdenes.

Para desarrollar la habilidad de la comunicación efectiva, los líderes deben estar conscientes de que deben practicar a diario: para desarrollar el estilo, la viveza y las emociones que descargarán en las palabras adecuadas para lograr sus objetivos, aprovechando cualquier oportunidad en las reuniones familiares o de amigos, en las juntas de trabajo, en las conferencias y seminarios, etc., de participar activamente, externando opiniones, sugerencias y argumentos con claridad, soltura y entusiasmo.

Se requiere leer más para poder decir más y se requiere mucha práctica para poder comunicarse de forma efectiva; adquirir y usar nuevo vocabulario, para emplear las palabras adecuadas al expresar las ideas. En el lenguaje de las computadoras se establece: “Si nada entra, nada sale”. Por lo que debe contar con múltiples entradas como lecturas, experiencias, viajes, diálogos, conferencias, conciertos, contacto e interrelación con gente diversa, que le sensibilice, afecte y conmueva en la experiencia diaria de la vida, la gente, las empresas, las instituciones, etc. Podemos así aplicar, de esta forma, la frase célebre de Neruda: “Quien no lee y no viaja, no vive”.

En la Misión 2015 del Tecnológico de Monterrey, como parte del perfil del alumno y del egresado se establece: La comunicación efectiva en español e inglés (Tecnológico de Monterrey, 2005). Valdría la pena documentar lo hecho hasta ahora para analizar si realmente lo estamos logrando.

Este trabajo presenta una estrategia que emana del compromiso institucional con la congruencia entre lo que decimos y lo que hacemos, parte esencial del comportamiento ético.


*Director de la Carrera de Ing. Mecánica, ITESM Campus Querétaro, jlortiz@itesm.mx

Comunicación Efectiva (I)

José Luis Ortiz*

Tuve la oportunidad participar la semana pasada en el 7° Congreso Internacional de Educación Superior en La Habana, Cuba. En este evento, uno de los más importantes del mundo, estuvieron presentes varios ministros de educación de países como Venezuela, España, China y Cuba con la participación de miles de delegados de más de veinte países. El siguiente texto constituye un resumen de la ponencia que presenté en el Taller de Pedagogía.

El American Board of Engineering and Technology (ABET) establece como una de las competencias genéricas relevantes en los graduados de las carreras de Ingeniería, “la habilidad para comunicarse de forma efectiva”.

Si con la educación se pretende que un estudiante egresado de una carrera de ingeniería:

* Sea un buen líder en su familia, empresa o sociedad.

* Aumente su influencia, prestigio y habilidad para lograr que las cosas se realicen.

* Despierte entusiasmo entre la gente, lo cual constituye la base fundamental para un cierre de ventas, el trabajo en equipo efectivo y la consecución de logros que les lleve a una vida satisfactoria, plena y feliz.

Entonces la mayoría de los estudiantes de ingeniería en México necesitan sobreponerse a ciertas actitudes limitantes, que llegan incluso a considerar “naturales” y que entorpecen su desempeño en la vida.

Una de las actitudes limitantes más poderosas que existen es el temor. En muchas ocasiones, aquello a lo que se teme carece de bases y no es más que una mentira con apariencia de realidad. No obstante este temor es tal que puede llegar a provocar parálisis. Hablar en público es un buen ejemplo de esto y se encuentra a la cabeza de la lista de los mayores temores del ser humano, incluso por encima del temor a la misma muerte; a tal grado que cuando se le pide a alguna persona que exprese algunas palabras ante un auditorio, llega a pensar o a decir: -“me quiero morir”, dicho de otra manera: tal pareciera que prefiriese morir antes que hablar.

El adiestramiento y perfeccionamiento de los estudiantes como oradores puede servirles en los negocios –y en la vida–, más que el conjunto de todas las demás cosas que hayan estudiado, porque elimina la timidez y la falta de confianza en ellos mismos y les procura el valor y el aplomo para tratar con la gente.

Sabemos que el mando generalmente corresponde a la gente que puede ponerse de pie y decir lo que piensa.

Pensar y expresar las ideas con claridad, efectividad y soltura, tanto en conversaciones familiares, de amigos, de negocios, así como ante grupos más numerosos, es tal vez la habilidad más preciada del ser humano.

¿No sería importante entonces que en nuestras universidades se dediquen cursos y esfuerzos para desarrollar y asegurar la competencia más apreciada entre todas, independientemente de las profesiones a las que se vayan a dedicar las personas?

Una de las grandes experiencias de la vida es la de ejercer el liderazgo: el tener y aprovechar la oportunidad de influir en la gente: en sus ideas, en su trabajo y hasta en sus vidas. Todos somos vendedores, no solo de imagen, productos o servicios; sino también de ideas. Así los diferentes líderes tienen necesidad de transmitir sus objetivos para sumar a los demás en sus proyectos, informar eficazmente, persuadir, influir en la forma de pensar de las personas.

Una equivocación del líder tiene consecuencias exponenciales. W. Edwards Deming, uno de los precursores del Milagro Japonés, determinó que las fallas de calidad es deben en un 85% a los líderes y sólo en un 15% a los trabajadores. Se dice además que un líder es 50% lo que piensa y un 50% cómo lo expresa; por lo que podemos inferir que la comunicación efectiva del líder constituye un factor de muy elevado impacto en el éxito de las organizaciones.



*Director de la Carrera de Ing. Mecánica, ITESM Campus Querétaro, jlortiz@itesm.mx

Analfabetismo emocional


José Luis Ortiz*

Los educadores nos encontramos ante el difícil reto, impulsados por la demanda del Sector Empresarial y de la sociedad mexicanos, de mejorar los resultados de las competencias curriculares, que hasta ahora no han satisfecho las necesidades que plantea un mundo globalizado, cada vez más complejo y cambiante. Sabedores de que hoy en día ya no es tan importante lo que se sabe, sino que tan rápidamente se puede aprender, para ser flexible y adaptarse a las condiciones que impone el entorno. Existen áreas que constituyen el cimiento de futuros aprendizajes, tales como la Comunicación Efectiva que involucra la proactividad, la escucha activa, la asertividad, la lectura comprensiva, la expresión verbal y no verbal, la escritura, la correcta ortografía y la comprensión de conceptos matemáticos y físicos, al menos en sus niveles básicos; que deben ser comunes a todos los profesionistas, independientemente de su área de especialidad y que van mucho más allá de la simple memorización automática.

Algunos profesores, al realizar investigación educativa, analizamos los elementos que provocan que los educandos fracasen en los exámenes, y lo que tiene mayores consecuencias: en la vida, que puede ir del sufrimiento al fracaso en los ámbitos personal, familiar, profesional y/o social, si no se toman ahora las medidas correctivas pertinentes. Nuestro deber y compromiso con nosotros mismos y con nuestra patria debe ser buscar las mejores técnicas de enseñanza-aprendizaje y de estudio para que nuestros estudiantes alcancen los niveles adecuados de desarrollo de estas competencias genéricas, comunes a cualquier ámbito de desempeño, que les permitan continuar con una formación superior sólida o desempeñarse satisfactoriamente fuera del centro de aprendizaje formal.

Por otra parte, muchos de nuestros niños y jóvenes llegan a sus clases con altos niveles de estrés, producto de la preocupación, frustración, ira, resentimiento, indiferencia, rabia e incluso odio. La violencia entre gente joven es creciente y preocupante, al mismo tiempo que los profesores perciben que sus alumnos están mucho menos dispuestos a aprender. Todo esto ha detonado desde hace ya varios años una reflexión profunda sobre la direccionalidad de los sistemas educativos y sobre si se ha obviado algo tan importante como la Educación Emocional, que promueve el reconocimiento y control de nuestras emociones que incidan en la facilitación de la solución de conflictos, en el grado de motivación y sentido existencial, buscando cada vez más el involucramiento del alumno y disminuyendo la verticalidad de la enseñanza.

La historia del desarrollo del Aprendizaje Emocional y Social en las escuelas puede iniciarse en 1995, cuando Daniel Goleman publicó su libro: Inteligencia Emocional partiendo desde el trabajo de Salovey and Mayer. Las ideas de Goleman han sido escuchadas y reconocidas en todo el mundo. Hoy en día sabemos que los jóvenes necesitan aprender y desarrollar habilidades emocionales y sociales esenciales que les permitan conducirse por la vida satisfactoriamente, disfrutando lo que hacen, con elevado nivel de tolerancia a la frustración por aquello que no pueden hacer o que sencillamente no ha producido los resultados que desean, y con mayores posibilidades de alcanzar el éxito y vivir felices. Así, el desarrollo de autocontrol a una temprana edad reduce substancialmente la probabilidad de un comportamiento violento y agresivo, ya que el nivel de violencia de las personas es inversamente proporcional a su nivel de desarrollo en su inteligencia emocional y social.

Si partimos de la premisa de que las sociedades actuales son producto de las políticas, estrategias y acciones educativas puestas en marcha desde hace varias décadas, podemos establecer que el gran desastre educativo de nuestro país, “el fracaso nacional del milenio”, ha sido producto de haber sido indiferentes por muchos años a la responsabilidad de educar integralmente en el marco del trinomio educando-hogar-escuela a nuestros niños y jóvenes, de haber soslayado el efecto de la educación formativa en aras de la informativa, cuyos resultados son mucho más fáciles de medir y analizar, a la luz de indicadores tales como los reportados por las pruebas ENLACE, PISA o CENEVAL.

Nuestra obligación como educadores e investigadores en educación es hacer propuestas, plantear soluciones, evidenciar su viabilidad, desarrollar nuevos procesos y técnicas para paliar o revertir las graves deficiencias educativas, con las que se están graduando la mayoría de nuestros profesionistas. Pero también es responsabilidad de las autoridades educativas considerar, analizar y aplicar tales propuestas, cuando sean viables y demuestren resultados; de escuchar a quienes tenemos la experiencia de haber dedicado buena parte de nuestra vida a la labor de mayor nobleza e impacto en la sociedad: “la de formar al hombre”.



*Director de la Carrera de Ing. Mecánica, ITESM Campus Querétaro, profesor, investigador, escritor y conferencista, jlortiz@itesm.mx

13 de abril de 2010

EL ESTADO DE DERECHO Y LA FORMACIÓN CÍVICA


José Luis Ortiz*


Para muchas personas el “Estado de Derecho” consiste simplemente en el imperio de la ley; para otras, el respeto a los derechos de los ciudadanos; y para otras más, la libertad con responsabilidad, la división del poder, los derechos humanos y las instituciones imparciales e independientes. Un estado que no garantice las libertades civiles y políticas, seguramente no es de derecho.

En México falta mucho camino por recorrer en cuanto a la existencia de un verdadero estado de derecho. Solamente basta considerar que la gran mayoría de los delitos permanecen impunes, lo que constituye un fuerte incentivo a la delincuencia; diariamente se infringen leyes y reglamentos a grado tal que llegamos a considerar estas faltas como algo natural. A veces, su observancia, llega a ser algo extraño, tal como sucede cuando alguien se detiene con la luz amarilla de los semáforos o da preferencia al peatón en un paso de cebra o paso peatonal. La exacerbación en la pérdida de valores cívicos fundamentales parece haber llegado a su clímax en los tiempos actuales: solo basta escuchar los noticiarios, leer los periódicos o lo que es aún peor: ser víctima de amargas experiencias de inseguridad, corrupción, impunidad, nepotismo, intolerancia, etc. por parte de algunas autoridades y personas comunes.

Por otra parte, sabemos que todas las naciones y los pueblos han creado estandartes o banderas que los distinguen y signifiquen como elemento de su identidad. La bandera, en el más alto de sus significados, es el símbolo de la nacionalidad y representación genuina de la patria. Por eso debemos rendirle los honores debidos. Rechazar tales honores o simplemente no considerarlos es despreciar o no respetar a la misma patria, a México.

Algunos recordamos cuando nuestros abuelos y padres al escuchar las notas del Himno Nacional nos hacían detener el paso o ponernos de pie, por respeto; lo mismo hacíamos al izar o arriar la Bandera. Estos sencillos actos alimentaban nuestro patriotismo. En épocas recientes se advierte un fenómeno: se están perdiendo el amor a México y el sentido patriótico porque se ha generalizado la idea de confundir patria con política, y política con “grilla”. Tal vez por ello, la gente deja de querer a su patria, pierde la fe en ella y sus instituciones, y por ende, deja de tenerle respeto a los símbolos patrios. Lo vemos en los homenajes escolares, cuando a las personas –adultos, jóvenes o niños– poco les importa la presencia de la bandera. No la sienten algo suyo e importante; prefieren aprovechar el rato para conversar en lugar de entonar el himno nacional o saludar a la insignia patria. La situación es más preocupante cuando los maestros y autoridades tampoco asumen una actitud de respeto o no les llaman la atención a los alumnos o subalternos. Ese respeto se deriva del amor que surge en la familia hacia lo que nos da identidad como nación.

Hoy día, muchos niños y jóvenes sienten que salen al homenaje a la bandera obligados, como un mero trámite que hay que cumplir los lunes. No existe el hábito del respeto a los símbolos de nuestra Patria, porque los padres y maestros no se esmeran en brindarlo con el ejemplo; si el alumno ve que el maestro no participa en la ceremonia, él tampoco lo hará.

Recordemos que México, la Patria: es el lugar donde hemos nacido, crecido, aprendido y vivido; es el proyecto de nuestros ancestros, el esfuerzo y el trabajo de nuestros padres, es el vientre de nuestra madre, nuestra esperanza y unidad, los sueños de nuestros hijos. Los ciudadanos no somos de México, nosotros somos México. Desgraciadamente, así como se habla de una pérdida de valores morales también hay una pérdida de valores cívicos.

Para alentar y fortalecer el respeto a la bandera y los símbolos patrios, principios de la educación integral, la formación cívica y raíz del estado de derecho; los padres y maestros debemos ser los principales promotores de estos valores, para que los jóvenes participen en las ceremonias por convicción y no por obligación. El amor a la patria, a la bandera y a los símbolos nacionales no surge por naturaleza, es algo que se inculca a través de la formación integral de la persona, es algo que se interioriza a través del desarrollo de pensamientos, acciones y hábitos.

Es conveniente tener siempre presentes los preceptos legales para no incurrir en omisiones lamentables en detrimento de nuestros símbolos patrios, porque necesitamos engrandecer y estimular nuestros ideales; el fin es enaltecer el amor a la patria.

Porque ser ciudadano mexicano en el umbral del Siglo XXI no es simplemente haber nacido y compartir este territorio. Entraña el compromiso de servir a nuestra patria con el ejercicio constante del derecho y el deber ciudadanos. Únicamente con la educación y el claro convencimiento de que con la convivencia entre seres humanos, ateniéndose a los derechos y obligaciones señalados en las leyes, será posible el desarrollo armónico de nuestra sociedad y la realización plena de su gente.

*Director de la Carrera de Ing. Mecánica, Tecnológico de Monterrey, Campus Querétaro.